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martes, 27 de octubre de 2009

El arte de liderar sin liderar, de conducir sin controlar


En muchos sentidos, la música es el arte de la armonía. Una orquesta en un equipo numeroso de intérpretes que necesariamente deben colaborar entre sí, estar atentos unos a otros y seguir, a la vez, el ritmo, la pauta y la interpretación que imprime el director.

El ex director israelí Itay Talgam dio en Oxford (julio 2009) una conferencia en la que analiza el estilo de conducción de seis directores célebres del siglo XX. Sus reflexiones son imperdibles, nos hacen pensar en la esencia del liderazgo y de la colaboración en cualquier ámbito donde nos estemos desarrollando.

Actualmente Itay Talgam dicta workshops en diferentes ciudades del mundo para ayudar a las personas a desarrollar el sentido de colaboración del músico y de liderazgo del director. En este video Itay demuestra claramente su hipótesis: el arte de conducir personas es permitir que cada una despliegue su talento personal en un contexto creativo y vital, hasta risueño.

¡Imperdible!


http://www.ted.com/talks/view/id/663

viernes, 23 de enero de 2009

Ideas para hacer crecer ideas


En el periódico New York Times, en la sección Opinión (Lesson Plans), un grupo de profesores de distintos niveles reseña sus experiencias en las primeras semanas de clase. La experiencia que relata Mathew Kay, uno de los profesores del equipo, es una alegoría sobre el ciclo vital de las ideas (nacimiento, crecimiento y propiedad) que puede ser aplicada en cualquier ámbito. Dice así:

Al principio, nuestros estudiantes se acercan tímidamente para hacer preguntas que a menudo son desordenadas e incoherentes. Pero cuando son alentados, se abren y ofrecen sus ideas incesantemente. Cada año, yo ilustro esto en todos los cursos el primer día de clase. Me pongo una gran pelota de goma debajo de mi camisa y represento el momento en que la doy a luz. Entre todos bautizamos a este niño mi idea. Luego hago que mi idea pase de mano en mano; pero estoy nervioso, y cuando a alguno se le cae, la atrapo y adopto la posición fetal para protegerla. Ellos se ríen. Después de un tiempo supero mi shock y aprendo a confiar en ellos otra vez, hago que la pelota circule suavemente, luego la arrojo a toda la clase para que cada uno pueda tocarla.

Hay dos moralejas en este juego: primero, uno no puede proteger su idea para siempre, y segundo, nuestras ideas crecen cuando, a través del diálogo y el debate, se les permite a otras personas dejar sus huellas en ellas.
Mathew Kay, Learning without a script,
New York Times, 14 de septiembre de 2008