viernes, 4 de febrero de 2011
Tiempo de mudanzas: nueva casa para el blog
http://www.piabouzas.wordpress.com/
Alli podrán encontrar el material de todo el blog más nuevos artículos.
miércoles, 19 de enero de 2011
¿Cómo valorar los argumentos?
Courses in "critical thinking" will ruin your capacity to think critically. Such courses teach you to ignore the causal origin of a belief and the epistemic authority of the believer, when in fact these considerations are highly evidentially relevant. Contrary to the teachings of critical thinkers, respect for the truth often requires you to look beyond "the merits of the argument".
¿Se debe valorar exclusivamente el mérito del argumento –su validez, su grado de veracidad, su presentación formal? ¿O es necesario incluir también en la discusión el origen de ese argumento (sus causas, motivos) y la autoridad del que lo enuncia –del que cree en él- como para entender su capacidad de establecer creencias?
A la hora de discutir, una dificultad parece ser lograr un equilibrio entre la valoración objetiva de lo dicho –a ultranza- y su opuesto, lo que sería una suerte de paranoia argumentativa: la aceptación o rechazo de cualquier argumento por el lugar (origen /sujeto) que lo enuncia.
lunes, 17 de enero de 2011
La escritura de procedimientos (1 parte)
Leyendo el Discurso instruccional de Adriana Silvestri volví a reflexionar sobre la dificultad que presenta la escritura de procedimientos en las empresas. Es común encontrar personas que dominen a la perfección el conocimiento sobre cómo hacer una tarea, y que sin embargo, a la hora de transmitirlo o de redactar un procedimiento no puedan hacerlo adecuadamente.
Haciendo historia, la transmisión de un saber u oficio es algo que durante siglos se hizo a través de un discurso instruccional (oral) –de padres a hijos o de maestro a aprendiz – y del entrenamiento en la ejecución de tareas que se iban haciendo más complejas a medida que se avanzaba en el proceso de aprendizaje.
Así, palabra y acción (comprensión y repetición) estaban íntimamente relacionadas en un período de tiempo especial (Todos recordamos infinidad de películas que tratan este tema, entre ellas Karate Kid). Pero hoy en día, los entrenamientos son más cortos, más intensivos y deben confiar más, por lo tanto, en la efectividad de la palabra. En el caso de los procedimientos, se espera que estos permitan a cualquier operario que lo lea hacer la tarea en cuestión de manera idéntica.
Más allá de las diferencias que existen entre un aprendizaje formal y uno informal, entre una receta de cocina y un procedimiento en una fábrica, hay algo que comparten:
“Un rasgo común a todas las variedades de instrucción … es que se trata de un discurso orientado a la ejecución práctica de acciones. Esta propiedad es exclusiva de los textos procedurales, y los distingue de todos los demás tipos: se los lee para ejecutar una tarea. (Dixon, 1987).
…La finalidad del texto instruccional consiste en lograr que el destinatario desarrolle determinadas conductas, acciones o adquiera conocimientos que no posee. Para alcanzar esta finalidad, la instrucción se configura como un discurso directivo: debe organizar y controlar los procesos mentales y actividades del destinatario por medio de prescripciones sistemáticas y ordenadas.” (Silvestri, 16)
Me interesa, particularmente, la última frase. Cuando dice “la instrucción debe organizar y controlar los procesos mentales y actividades del destinatario”, saca a la luz la dificultad mayor con la que se encuentran las personas al escribir procedimientos: ¿cómo garantizar que el lector entienda lo que debe entender (ya no se trata de lo que yo quiero que entienda) para actuar de la manera en que debe actuar? ¿Cómo controlar los sobreentendidos? ¿Cómo prever la dificultad o duda de nuestro lector?
Esta dificultad involucra tanto lo que se dice (el contenido de la instrucción) como la manera en que se lo dice (la instrucción como acto de habla). Así, entonces, lo primero que debo discernir es, como siempre, qué información transmitir. En el caso de un procedimiento, habrá que determinar cuál es la secuencia de acciones que deben ejecutarse para alcanzar el objetivo de la actividad.
Esto, que a primera vista nos parece obvio y fácil de resolver, es el primer gran escollo con el que se encuentra todo escritor de procedimientos. ¿Cómo descomponer un proceso total en una secuencia de acciones esenciales, necesarias y encadenadas?
Continuará...
Adriana Silvestri, Discurso instruccional
Oficina de Publicaciones, CBC, Universidad de Buenos Aires, 1995
miércoles, 5 de enero de 2011
Verano

Memorias ficcionalizadas, la perspectiva de John Coetzee sobre sí mismo parece estar ausente. El libro asume el punto de vista de mujeres que han estado vinculadas a él a través de un biógrafo que las entrevista, y esta mirada es mucho más compleja que una mirada complaciente o crítica. Julia (la primera de ellas) nos lo presenta así:
Por supuesto, es una ironía que el gulag sudafricano asome de una manera tan obscena en los barrios residenciales blancos…. Pero, como ha señalado Shigniew Herbert, la ironía es sencillamente como la sal: la haces crujir entre los dientes y disfrutas de un sabor momentáneo; cuando el sabor ha desaparecido, los hechos irracionales siguen ahí. ¿Qué hacer uno con el hecho irracional de Pollsmoor una vez ha agotado la ironía?”
lunes, 13 de diciembre de 2010
Pecha Kucha

Desde hace varios años se vienen desarrollando en distintas ciudades del mundo los festivales Pecha Kucha 20 x 20, que se iniciaron en Japón en el año 2003. La idea fundamental de estos eventos es compartir el trabajo de diversos profesionales a lo largo de una noche y para ello era fundamental hacer presentaciones concisas y simples.
El formato 20 x20 consiste en la proyección de veinte imágenes por veinte segundos, que le permiten al orador hacer una presentación de seis minutos, 40 segundos. En general, los presentadores vienen del campo de la arquitectura, la fotografía y el arte. Y este dato a mi parecer, es definitorio.
Pecha Kucha supone el talento de conceptualizar en imágenes: de allí que fotógrafos, poetas o cineastas encuentren en este medio un potencial enorme. La presentación Minor urban disasters, del artista israelí Ariel Schlesigner, es una fabulosa demostración del alcance de este medio en relación a una presentación. Las fotografías condensan múltiples sentidos y el artista se "limita" a contar cómo hizo su trabajo. La narración permite hilvanar las imágenes, pero cada imagen dispara sentidos sobre la vida urbana moderna, que parece estar construida -nos dice esta presentación- sobre la base de paradojas, ironía, y yuxtaposición de elementos que no encajan.
jueves, 19 de agosto de 2010
A las palabras se las lleva el viento

En estos días recibí varias llamadas de call-centers contratados por instituciones bancarias para ofrecerme diversas pólizas de seguro: por ejemplo, por enfermedad, accidente, discapacidad o cáncer. Lo que me llamó la atención (aparte de la desagradable novedad de estar recibiendo estos “beneficios” –eufemismo lingüístico frecuente para referirse a la “venta de un producto”- por una cuestión de edad), fue la elección del medio telefónico como canal de comunicación para este tipo de contratación.
Es sabido que la comprensión de la comunicación oral está sujeta a códigos verbales y no verbales, y que supone la permanente reformulación.
¿Por qué esperar entonces
A) que el emisor transmita fielmente toda la información
B) que el receptor interprete el mensaje adecuadamente
Cuando se trata de un volumen información que excede la capacidad de retención puesta en juego en una conversación telefónica?
De esta manera, para lograr una comprensión eficaz, el receptor (aquí, el potencial cliente) debería ir tomando nota de los conceptos centrales (montos, instancias de aplicación, costos), confiar en la buena fe de su interlocutor y en su capacidad de comunicación, y además, confiar en sí mismo como interpretador. Y por supuesto, confiar en los bancos, como organismos que prestan servicios confiables y convenientes.
Curiosa manera de promover el consumo de estos seguros: sin permitir el análisis detallado de las condiciones, sin ofrecer un documento escrito previo a la compra. Casi una manera prehistórica de hacer negocios (si entendemos que el ingreso a la historia se da por el acceso a la escritura). Hasta el refranero popular nos advierte de lo riesgoso que resulta confiar exclusivamente en la palabra prometida.
lunes, 19 de julio de 2010
Los peligros de la "cooperación interpretativa"
¿Es deseable que alguno de estos textos permita interpretaciones diversas? Definitivamente, no. ¿Por qué? Porque el género discursivo al que pertenecen, diría M. Bachtin –especialista en estos temas- delimita claramente: lo que espera el autor y el lector, el modo de plantear el comienzo y el cierre, el tema a tratar, los modos de incluir la palabra de los otros, el registro formal, y hasta la sintaxis y el léxico.
Y sin embargo, ¿por qué siguen apareciendo situaciones de ambigüedad? Uno podría decir que están originadas en un uso inadecuado de la lengua, en sentido amplio. Posiblemente sea así. Sin embargo me interesa llamar la atención sobre otro punto: es muy común que ante un texto con errores de este tipo, el lector “colabore” y complete la información que falta, o reinterprete las frases que son ambiguas.
Sabemos que esta colaboración es peligrosa: puede hacer que tomemos decisiones desafortunadas, o que ejecutemos una acción de manera equivocada. Pero hay otra arista interesante: esta colaboración surge de manera espontánea y hace que no nos detengamos en el error, que a veces ni siquiera lo percibamos como tal. Es natural que colaboremos con el texto, interpretando y reponiendo lo que la palabra no nos dice pero insinúa.
Y esta colaboración, esta “cooperación interpretativa” (así la llama Umberto Eco) es fundamental en muchos géneros discursivos y propia del proceso mismo de leer: desde el periodismo a los textos académicos y literarios, entre otros. Pero no parece muy pertinente en los textos que comentamos, puesto que pone en duda el corazón del documento: una propuesta, acta acuerdo o instrucción debe indicar al lector qué hacer, de qué manera y en qué plazo, sin lugar a dudas ni a dobles interpretaciones.
martes, 27 de octubre de 2009
El arte de liderar sin liderar, de conducir sin controlar

En muchos sentidos, la música es el arte de la armonía. Una orquesta en un equipo numeroso de intérpretes que necesariamente deben colaborar entre sí, estar atentos unos a otros y seguir, a la vez, el ritmo, la pauta y la interpretación que imprime el director.
El ex director israelí Itay Talgam dio en Oxford (julio 2009) una conferencia en la que analiza el estilo de conducción de seis directores célebres del siglo XX. Sus reflexiones son imperdibles, nos hacen pensar en la esencia del liderazgo y de la colaboración en cualquier ámbito donde nos estemos desarrollando.
Actualmente Itay Talgam dicta workshops en diferentes ciudades del mundo para ayudar a las personas a desarrollar el sentido de colaboración del músico y de liderazgo del director. En este video Itay demuestra claramente su hipótesis: el arte de conducir personas es permitir que cada una despliegue su talento personal en un contexto creativo y vital, hasta risueño.
¡Imperdible!
http://www.ted.com/talks/view/id/663
lunes, 26 de octubre de 2009
El divorcio en la argumentación o cómo romper enlaces

La actividad práctica suponía que los participantes discutieran un tema polémico de la actualidad usando y pensando y reconociendo diferentes tipos de argumentos. Después del ejercicio y como una excelente conclusión, Ariel, un participante, hizo el siguiente comentario:
“Entonces, si uno escucha atentamente la forma del argumento, puede darse cuenta de cómo debe contraargumentarlo.”
Exacto. Ahí estaba el punto que yo, a decir verdad, había olvidado mencionar. En una discusión no sólo es importante qué se dice (para discutir) sino la manera en que elegimos presentar y construir ese argumento, porque en esa lógica se esconde la posible refutación.
En concreto, si elijo un argumento causal para discutir sobre la pobreza de los países de Sudamérica, del estilo
“los países sudamericanos son pobres porque sufrieron un proceso de colonización que destruyó toda su riqueza y cultura”,
habrá que buscar un contraargumento que rompa el enlace causal, ya sea porque no se trate de una causa suficiente, o porque aparezcan ejemplos que limiten el alcance de esa afirmación. Por ejemplo:
“Estados Unidos y Canadá también fueron colonias y sin embargo son países ricos, por lo tanto, esa causa no es suficientemente explicativa.”
O si discuto sobre un proyecto de deforestación y formo un argumento pragmático del estilo:
“Es imposible oponerse a la explotación forestal de la selva, si consideramos que la industrialización traerá empleo para los pobladores, más desarrollo económico para todo el pueblo y que reducirá la pobreza estructural que tenemos en la provincia”,
sería adecuado pensar en valores esenciales que se le opongan, o en consecuencias indeseadas de ese mismo pragmatismo (como una exageración de la premisa). Por ejemplo,
“tan importante es poder desarrollarnos y salir de la pobreza hoy en día, como garantizar que las futuras generaciones puedan disfrutar del mismo ambiente natural que disfrutamos hoy. A eso lo llaman hoy “sustentabilidad del negocio”, y esos parámetros, hasta ahora, no parecen haber sido considerados en el proyecto.”
Podríamos hacer una larga lista de ejemplos. De todas maneras, lo significativo es lo que descubrió Ariel: cada argumento tiene una lógica que establece enlaces entre diferentes elementos. Contraargumentar, necesariamente, implica romper esos enlaces y mostrar que hay incompatibilidad de elementos.
jueves, 1 de octubre de 2009
El valor argumentativo de una pregunta (2° parte)
¿Por qué el acto de preguntar es tan significativo en una argumentación? A diferencia de las afirmaciones, las interrogaciones tienen la virtud de ser puertas que en una discusión podemos abrir, hacer girar violentamente o cerrar de un portazo.Me pareció muy útil reproducir las mini definiciones que plantea el autor y brindar ejemplos que busqué en los diarios locales. El debate sobre la ley de medios audiovisuales en la Argentina me pareció un material muy rico por la profusión de posturas y de intervenciones que se registra en todos los medios de comunicación desde hace unos meses. Aquí vamos.
Preguntas retóricas
Dice Marafiotti: “Las preguntas retóricas inducen una respuesta, son una provocación para hacer que el interlocutor diga algunas cosas. Las respuestas están contenidas en las preguntas.”
Ejemplo:
¿Acaso en la Argentina alguien duda de que los medios audiovisuales están en manos monopólicas y de que la democracia se fortalecerá si estos monopolios son desarmados?
Como vemos, la respuesta a esta pregunta está contenida en su formulación. Es una afirmación rotunda, a menos que se desee establecer una postura que no tome los valores admitidos de democracia, libertad de prensa, acceso a la información, etc.
La pregunta trampa
Aquí Marafiotti señala: “La trampa más simple se refiere al enunciado de una pregunta que el interlocutor no puede responder”
Ejemplo:
Si lo que se busca es hacer transparente el mecanismo de acceso a los medios, ¿por qué las audiencias públicas solo se establecen para renovar licencias y no para adjudicarlas?
La pregunta, evidentemente, pone al interlocutor en una zona difícil argumentativamente, porque muestra una grieta en el proyecto o en los valores que dicen sostenerlo.
La pregunta controversia
Dice Marafiotti de las preguntas controversia: “Obligan al interlocutor a reaccionar violentamente. Son las preguntas que llevan tensión y conflicto. A diferencia de las preguntas trampa que pretenden dejar sin voz al interlocutor, estas desencadenan su vehemencia, poniéndolo a veces en descubierto”
Ejemplo:
¿Cómo un país que pudo juzgar a las juntas militares, una experiencia casi inédita en el mundo, y cambió su Constitución, no pudo darse una nueva ley de medios?
Esta pregunta tiene la potencia de abrir la polémica a un nuevo contexto, el histórico. Obliga al interlocutor y al auditorio a revisar toda la cronología y a pensar en explicaciones al respecto, dotando de nuevo sentido al conflicto.
La contrapregunta
Para Marafiotti: “Es una pregunta que responde a otra pregunta, sirve para esquivar. Permite diferir una respuesta argumentada. Es signo de una prudencia táctica.”
Periodista: -¿Por qué se limita en el Congreso la posibilidad de discutir el proyecto?
Funcionario: -¿80 foros realizados en todo el país a lo largo de dos años no es libertad para discutir el proyecto?
Periodista: -Yo no voté el foro Mapuche.
Este diálogo, llevado adelante por un periodista y un funcionario del gobierno, muestra una estrategia muy usual en la polémica, pero poco fructífera argumentativamente: ninguna intervención responde con argumentos. Lo que hace es contraargumentar, inaugurar un tema nuevo que parece decirnos algo sobre la cuestión pero que en realidad establece desde el inicio el desacuerdo.
Las preguntas de estilo
De las preguntas de estilo Marafiotti señala: “Encuentran su refugio en los recursos vinculados a los valores. Dan cuenta de su función al aparecer al final de una exposición. Sirven de cierre, de frase conclusiva. Estas preguntas pertenecen al viejo arsenal de los recursos retóricos. Interrogan en nombre de una conciencia universal para juzgar y sancionar un hecho o idea.”
Es muy frecuente el uso de estas preguntas en los finales de programas periodísticos o editoriales de diarios, y tienden a mostrar una fuerte marca ideológica. Así, en relación con este tema, de un bando podríamos escuchar a un periodista decir al final de su programa:
¿no estaremos firmando con esta ley el acta de defunción de los medios de comunicación?
y a otro, del bando opuesto,
¿no será que en el fondo la libertad de prensa que reclaman algunos grupos mediáticos no es otra cosa que una ansiada libertad de negocios, para que sean cada vez más y más redituables?
viernes, 11 de septiembre de 2009
El valor argumentativo de una pregunta

La experiencia cotidiana nos dice inmediatamente que no, que la oposición no saber/saber no siempre está en el fondo de un intercambio de preguntas y respuestas.
Algo semejante hacemos cuando introducimos preguntas en nuestra argumentación.
El caso más conocido es el de la pregunta retórica. Quien dirige la argumentación hace una pregunta, pero no espera en realidad una respuesta de su auditorio.
Por ejemplo:
Hoy en día debatimos si nuestra sociedad necesita una nueva ley de radiodifusión. ¿Pero cuál es el alcance que debe tener una ley de este tipo? Una ley, sin duda, tiene que cubrir muchos aspectos, a saber…...
Como vemos, se trata de una pregunta que no pregunta nada, que aparece para condiciona al interlocutor a seguir un mecanismo en el razonamiento, a aceptar cierta fluidez discursiva. Pero no es inocua, tiene la fuerza de un argumento, pues obliga al auditorio a asumir como verdadero lo que propone: en este caso, la necesidad de discutir el alcance de la ley.
Leyendo el libro Recorridos semiológicos, encontré una interesante clasificación de las preguntas, según su función argumentativa. Marafioti, el autor del artículo, diferencia entre:
"Estas preguntas juegan un rol doble en la argumentación. Por un lado, pueden poner en dificultad al interlocutor, es el caso de la pregunta-trampa o la pregunta de controversia; por otra parte, pueden contribuir a hacer descubrir una opinión o un hecho que son sugestivos. En este último caso, constituyen una vía argumentativa sesgada: el interlocutor es “conducido”, respondiendo a un encadenamiento de preguntas preparadas, hacia un cierto tipo de respuestas."
miércoles, 10 de junio de 2009
El poder de la metáfora

En el artículo que abre el libro, La perspectiva retórica, Mariana di Stefano explica varios autores y arranca por Aristóteles. Dice:
“Para Aristóteles, las metáforas facilitan la persuasión a partir de un doble efecto: por un lado la impresión de que el discurso es natural, porque todos hablan con metáforas, y lo natural es verosímil; y por otro, el asombro, dado que el discurso resulta ingenioso.
Para que resulte, es necesario que la metáfora sea apropiada, o sea que se comprenda rápidamente, cosa que no logran ni las metáforas oscuras (porque son incomprensibles), ni las banales (porque son demasiado obvias)”
Entonces, si producimos y usamos lenguaje metafórico, ¿por qué no incorporarlo a las presentaciones o discursos que elaboramos? Puede ser un ejercicio difícil pero a la vez muy productivo. Como señala Aristóteles, cuando lo verosímil se asocia con lo ingenioso el resultado es totalmente convincente.
miércoles, 20 de mayo de 2009
Más de Stephen King: el párrafo

La caja de herramientas que Stephen King propone en su libro On writing tiene tres niveles. En el primer nivel, como conté en el post anterior, SK recomienda llevar el vocabulario y toda la gramática. En el segundo, todo lo concerniente a la forma y el estilo (el uso de adverbios, gerundios, frases pasivas, tipos de verbos, extensión de las frases, etc.). Pero dentro de este universo de elementos lingüísticos SK se detiene especialmente en uno: el párrafo.
Dice así:
“Yo diría que el párrafo, y no la oración, es la unidad básica de la escritura –el lugar donde la coherencia empieza y las palabras tienen la posibilidad de convertirse en algo más que palabras. Si es el momento de acelerar la narración, la aceleración aparecerá en el nivel del párrafo. Es un instrumento maravilloso y flexible que puede constar de una sola palabra, o correr a lo largo de varias páginas.”
El párrafo es para SK el latido y la respiración de la escritura, la base de su ritmo.
¿Qué ocurre con el párrafo en un texto expositivo? ¿Es tan importante como lo es en la escritura de ficción?
Desde su perspectiva, lo es. Un lector puede darse cuenta de si un texto es fácil o difícil de leer por la cantidad y extensión de párrafos, y de espacios en blanco (más párrafos, más espacios en blanco, más fácil su lectura). Y agrega:
“En la prosa expositiva, los párrafos pueden (y deberían) ser prolijos y utilitarios. El párrafo expositivo ideal contiene una oración temática seguida por otras que la amplifican o explican.”
Y también el ritmo en la escritura expositiva es importante. Sólo que aquí se logra no por el pulso interno del relato, sino a partir de la combinación de oraciones simples con oraciones más extensas; y de párrafos breves (únicamente la idea central) con párrafos más extensos.
Como siempre, el Sr. King es un gran maestro.
lunes, 11 de mayo de 2009
La caja de herramientas de Stephen King

En el año 2000 Stephen King publicó On Writing, un libro en el que nos cuenta cómo fueron sus primeros tiempos de escritor, su formación en el oficio y el trabajo que le llevó componer muchas de sus novelas. Pero también es un manual de estilo escrito con mucho humor y excelentes ejemplos.
Si bien King se refiere a la escritura literaria, sus observaciones son muy valiosas y útiles en todo contexto de escritura. Coincide, además, con la perspectiva de muchos autores que se dedican exclusivamente a la escritura empresarial. Por eso me pareció oportuno citarlo.
La primera recomendación que da a todo aquel que desee escribir, es que construya su propia caja de herramientas y que saque luego suficiente músculo como para poder llevarla a donde quiera que vaya. Más vale, dice, tenerla siempre a mano. Nos hace ahorrar tiempo y nos permite aplicar soluciones precisas. Esta caja de herramientas tiene varios niveles. En el nivel superior van las herramientas más comunes, que son dos. Dice así:
"Pon tu vocabulario en el estante superior de tu caja de herramientas y no hagas ningún esfuerzo conciente por mejorarlo. Una de las cosas realmente malas que puedes hacer a tu escritura es vestir tu vocabulario con palabras largas porque estás un poco avergonzado de tus palabras cortas. Es como vestir a tu mascota doméstica con ropa de noche. La mascota está avergonzada y la persona que llevó adelante este acto de pretendida belleza debiera estar aun más avergonzada."
"También querrás poner la gramática en el estante superior, y no me enojes con tus bufidos de exasperación o tus lamentos de que no entiendes la gramática, de que nunca entendiste la gramática….La gramática no es solo un dolor de cabeza, es el poste que agarras para poner a tus pensamientos de pie y hacerlos caminar.”
Palabras comunes, directas y precisas; un orden gramatical lógico y simple, sin voz pasiva (“dos páginas de voz pasiva –tal como en algún documento empresario o ríos de mala literatura- me dan ganas de chillar”) y con pocos adverbios, son las herramientas iniciales que el maestro del terror lleva consigo desde hace más de treinta años…y no parece haberlo hecho nada mal, ¿o sí?
On Writing, ( información traducida del capítulo Toolbox)
lunes, 4 de mayo de 2009
Convencer y persuadir, o cómo distinguir auditorios

Siempre que nos admiramos del efecto que una buena argumentación tiene sobre una audiencia, creo que nos estamos preguntando indirectamente cómo podríamos lograrlo con nuestros propios discursos. Al releer el capítulo Persuadir y convencer (Tratado de la nueva argumentación, de Perelman y Olbrechts-Tyteca) encontré que había algunas herramientas que podían ayudarnos.
Los autores retoman una distinción conceptual que arranca en la época clásica de la oratoria y continúa hoy en día: la distinción entre persuadir y convencer; la primera, más ligada a la acción, y la segunda, a la convicción.
Para quien se preocupa más por el resultado, persuadir es más que convencer (porque la convicción es el primer paso antes de la acción); para quien está preocupado por el carácter racional de la convicción, convencer es más que persuadir.
En este sentido, hay ciertas argumentaciones que apuntan directamente a un efecto persuasivo (la argumentación de la publicidad, la argumentación política): ellas buscan que la audiencia haga algo en concreto (como es evidente en la imagen que publicamos).
Pero hay otras, como por ejemplo la argumentación de la jurisprudencia, que apelan a la inteligencia de su auditorio y al carácter racional o lógico de las “verdades” que enuncian.
En la realidad, los límites entre persuadir y convencer son sutiles e imprecisos, señalan Perelman y Olbrechts-Tyteca. Ellos, por su parte, proponen un enfoque particular sobre esta oposición basada en el tipo de auditorio a quien el orador se dirige. Inicialmente establecen dos auditorios: el universal y el particular.
Al auditorio universal (conformado por la humanidad) “los argumentos que se le presentan no constituyen ningún llamado a la acción”, buscan establecer (o retoman) principios o verdades intemporales. Pero por el contrario, a los auditorios particulares (conformado por un grupo o persona concreta, con intereses y emociones precisos) se les proponen argumentaciones cercanas a la acción.
Lo que me parece muy interesante es que al armar una argumentación podemos tratar a nuestro auditorio particular (digamos un equipo de trabajo en una empresa) en un momento de la argumentación como si fuera universal, para reforzar el carácter racional de la adhesión.
O podemos hacerlo a la inversa, el auditorio universal (el pueblo de una nación, por ejemplo) puede convertirse en una persona concreta que queremos que actúe de inmediato. Y de hecho, ¡esto lo hacemos habitualmente!
Creo que ser conscientes de que podemos dirigirnos a nuestro auditorio real desde distintos lugares (podemos considerarlo de manera diferente a lo largo de nuestra argumentación) nos permite elegir argumentos más oportunos. Es, sin duda, una herramienta que nos vuelve más efectivos.
martes, 21 de abril de 2009
El poder de la concisión

¿Cuál es el poder de una imagen en una presentación? ¿Y el de una palabra? ¿Cuánta información podemos transmitir en una diapositiva?
En el sitio www.good.is ,(el sitio de la revista Good dedicada a la vida sustentable, política y otros temas sociales de nuestro tiempo), en la sección Video hay presentaciones breves, de 2 ó 5 minutos de duración, que nos permiten reflexionar sobre estos puntos.
Una de ellas, Transparency: drinking water , dedicada al problema del agua potable, es un ejemplo muy interesante. Como tipo de presentación, es una presentación persuasiva, que intenta crear conciencia sobre este problema mundial y da recomendaciones para paliarlo.
Visualmente, se trata de una serie de diapositivas, animadas, con imágenes muy simples y texto muy directo y conciso. Tiene una base musical que marca el ritmo de la lectura y no hay narrador en off.
Es muy interesante verla. Creo que hace evidente que es imprescindible ser concisos en los conceptos, las imágenes y las palabras para lograr transmitir en poco tiempo una idea. Cosa que no deberíamos olvidar cuando preparamos nuestras propias presentaciones.
Acá va, http://www.good.is/post/transparency-drinking-water/
martes, 14 de abril de 2009
Gerundios a la vista

No hay escapatoria. Cada vez que presento en un curso de capacitación las reglas de uso de los gerundios (formas verbales como cantando y saliendo), las personas primero se sorprenden, luego se enojan, algunas se resignan (dicen que no volverán a usar más el gerundio en su vida) y otras asumen que vale la pena intentar usarlos bien.
Lo que pasa en nuestra comunidad lingüística es que usar mal el gerundio es tan común que resulta difícil detectar los errores. Podemos encontrar errores al leer artículos periodísticos,al escuchar a locutores en la radio o en la televisión; en fin, en todas partes. ¿Para qué insistir entonces? ¿Por qué no esperar a que la Academia cambie las reglas y acepte estas normas de uso?
La cuestión es que al usarlos bien ganamos en claridad. El lector puede entender con mayor facilidad las ideas y las relaciones lógicas que existen entre ellas.
Por ejemplo, en las siguientes frases, ¿por qué es mejor A que B, y C que D?
A.“El presidente habló ante el público para anunciar nuevas medidas económicas”
B.“El presidente habló ante el público anunciando nuevas medidas económicas”
C. "Analizó las muestras tomadas en el río Colorado y descubrió en ellas altos índices de contaminación."
D. "Analizó las muestras tomadas en el río Colorado descubriendo en ellas altos índices de contaminación."
En A está explicitado que la relación entre las acciones (hablar y anunciar) es de finalidad. No así en B, aquí las acciones no se diferencian.
En C se pone en evidencia que hay una secuencia de acciones: primero analizar, después descubrir. Esta secuencia queda ocultada en D.
Daniel Cassany en su libro Afilar el lapicero señala por qué es importante usar bien los gerundios más allá de los criterios de corrección gramatical. Creo que muestra con claridad de qué manera incide en los procesos de lectura y escritura. Acá van:
1.El gerundio no puede especificar tiempo, persona o número de la acción. El lector debe inferirlos por el contexto.
2.Alarga la oración, al añadir subordinaciones. La frase completa incrementa su extensión y complejidad.
3.Provoca que el verbo y la oración principal pierdan fuerza al quedar “tapados” por la oración subordinada con gerundio.
4.Pertenece a un registro formal y es poco usado en el habla cotidiana.
miércoles, 1 de abril de 2009
Diagramas complejos en powerpoint
Dave Paradi analiza en su blog algunas de estas diapositivas y da recomendaciones al respecto, que reproduzco:
Lecciones para presentar diagramas complejos
1. Subdividir los conceptos en varias diapositivas.
2. Mostrar un concepto por vez.
3. Escribir títulos para dar un contexto al diagrama.
4. Construir las ideas en base a un orden lógico.
Se puede observar la restauración que Paradi hace de una de las peores diapositivas presentada por un CEO, acá
lunes, 30 de marzo de 2009
¿Sexismo en el lenguaje?

Cuando redactamos, muchas veces tenemos dudas sobre el género del sustantivo que usaremos para referimos a un grupo integrado por hombres y mujeres. ¿Deberíamos decir señores y señoras, o simplemente señores? ¿Auditores y auditoras para referirnos a un equipo de trabajo, o bien auditores?
Por regla general, el español construye el plural genérico de sus sustantivos en masculino. De esta manera, si en una carta encontramos el texto “les enviamos a nuestros clientes el nuevo folleto” entendemos que el grupo de clientes está integrado por hombres y mujeres (clientes y clientas), y por lo tanto, no necesitamos hacer una explicitación.
Sin embargo, cuando realizamos una interpelación directa a un destinatario mixto, se prefiere la distinción: compañeros y compañeras, señores y señoras. En general esta diferenciación es pertinente y necesaria en situaciones de comunicación oral de modo que el destinatario específico se sienta convocado.
En el libro La escritura rentable aparecen algunas recomendaciones muy útiles en torno a este tema. Las reproduzco:
"En las últimas décadas se ha desarrollado también una especial sensibilidad hacia el llamado lenguaje sexista, que consiste en la manifestación de una discriminación hacia las mujeres en las palabras y construcciones sintácticas. Por este motivo, al redactar un escrito es conveniente tener en cuenta los siguientes principios:
1. Es importante cuidar el lenguaje a la hora de designar una colectividad integrada por varones y mujeres. Hay varias formas de designar los colectivos mixtos:
- Podemos emplear el masculino genérico (el hombre, los profesores, los niños, etc.)
- Podemos emplear el nombre genérico que engloba a ambos sexos (la humanidad, el profesorado, la infancia, etc.)
- Podemos emplear construcciones dobles del tipo señor/a o chicos y chicas, aunque es preferible no abusar de ellas porque su uso reiterado puede cargar el texto.
2. Muchas profesiones desempeñadas tradicionalmente por hombres son ahora compartidas por ambos sexos. Por eso el lenguaje ha desarrollado para estas actividades nombres femeninos que debemos incorporar a nuestra lengua (médica, directora, embajadora, gobernadora, concejala, presidenta, gerenta, etc.)
3. El tratamiento de señorita se utilizaba para hacer referencia al estado civil de soltera de una mujer, en contraposición a señora, que se usaba para denominar a una mujer casada. Sin embargo, al hombre se le llamaba señor y no señorito aunque fuera soltero. Para evitar esto, es preferible utilizar señora y señor para referirnos a una mujer o a un hombre respectivamente."
lunes, 9 de febrero de 2009
¿Cómo se escribe?

Hace poco recibí una consulta que tiene que ver con la normativa del español. ¿Se deben usar mayúsculas en una enumeración con viñetas o números después de los dos puntos?
El uso de las mayúsculas muchas veces es un dolor de cabeza, así que creo que vale la pena compartir la respuesta. Cito a continuación la explicación que se da en libro El arte de escribir bien en español, un excelente manual de corrección de estilo.
"Aunque no lo enuncie explícitamente como regla, la RAE también admite en su Ortografía de la lengua española (1999) el empleo de la mayúscula después de los dos puntos en cada uno de los términos iniciales de una enumeración precedida de letras, tal como se desprende del uso que ella misma hace de esta letra en este texto. Ejemplo:
La letra w solo se utiliza en palabras de origen germánico como las siguientes:
A) Determinados nombres propios de origen visigodo. Ejemplos: Wamba, Witiza.
B) Algunos derivados de nombres propios alemanes…. (RAE, 1999, pág. 13)"
El arte de escribir bien en español
María Marta García Negroni, Mirta Stern y Laura Pérgola
Edicial, Buenos Aires, 2001